Cuesta avida

16 de Octubre de 2017

Subir y vuelta a subir.

Y como no podía jugar al fútbol como los demás , se junto a los raros que andaban con un balón duro , tirando en un aro pegado a una pared, apartados de la vorágine del fútbol. No tenía que esperar, no se pasaba el recreo entero pensando en si algún día llegaría a tirar a portería, de vez en cuando el balón pasaba por sus manos y él decidía qué hacer con el , lanzarlo a un aro, pasarlo a un colega o botar lo de manera indefinida sin que nadie se lo pidiera de manera insistente.

De repente se sintió parte de algo y a la vez el prota, lo metió por el aro y se le olvidó que alguna vez soñó ser  judoka , que en otro momento pensó en ser Arconada , simplemente sonrió y empezó a subir.

Recreo tras recreo, sonrisa tras sonrisa, anduvo todo ese año una cuesta larga pero poco pronunciada, hasta acabar el curso. En verano , instó a sus amigos del barrio en construir un tablero con un aro y colgarlo del tobogán de la plaza, así se hizo y siguió subiendo , pero era una cuesta larga y poco pronunciada…

Llegado septiembre y visto el impacto que tenía el basket en su generación , el papá de Miguel decidió montar un equipo de cole y ponerlos a entrenar, vete tu a saber qué era eso…

Martes y jueves tras las clases, vuelta al patio para tener un balón cada uno,  para hacer y deshacer las indicaciones de Isidoro, la cuesta se empino un poco , pero le hacía sonreír diez veces más. 2 años de minibasket y la cuesta se volvió a hacer larga y poco pronunciada, entre Alex y él se hacían con los partidos y las 3/4 partes de los puntos de los mismos.

Momento en el que apareció José  y con el una canasta a 3 metros del suelo y un balón más grande que su cabeza, y la cuesta se volvió inclinadisima pero 200 veces más sonrisas.

Aprendió una cuesta que nunca se hacía  larga y tendida, la cuesta, se volvía cada vez más inclinada, a cada día, a cada momento. Germinó el no creer que ya era , sino el de hasta dónde puede llegar a ser, como de bien lo pueda hacer, cuanto pudiera reír, cuanto llorar, disfrutar, independientemente del momento, compañero o lugar.

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